PEPE GARAY: UNA GUITARRA, UNA CANCIÓN Y UN PUEBLO QUE NO OLVIDA

Cuando la amistad se convierte en homenaje y la música en eternidad.

Todo empezó en una de esas tertulias que se alargan sin que nadie mire el reloj. Un grupo de amigos suele reunirse en los asientos de la Plaza de Armas de Abancay o junto a las oficinas parroquiales. Se llaman, con humor e irreverencia, «Los Sediciosos Pájaros Caídos» o «Jóvenes Mayores de Sesenta». Conocen la cultura, las tradiciones y las historias de esta tierra, y en una de aquellas charlas coincidieron en que ciertas trayectorias merecían salvarse del olvido para las futuras generaciones.

Surgió entonces un nombre: Pepe Garay.

Don Rolando Luna Valer capitaneó el empeño y condujo a sus compañeros hasta convertir una conversación en realidad. Lo que nació casi como un juego prosperó gracias a la perseverancia de todos. Los años suman, pero no restan entusiasmo: aquellos pájaros que se dicen caídos tenían alas de sobra para levantar una hermosa conspiración contra el olvido. De una charla entre amigos nació un homenaje que hoy pertenece a todo Abancay.

Una mañana de gratitud y memoria

Este 2 de noviembre de 2026, bajo un sol radiante, numerosos abanquinos se congregaron en la ceremonia de develación del monumento a José Manuel Garay Vallenas, Pepe Garay, el músico más querido y aplaudido de este eterno Valle Primaveral. Llegaron también paisanos radicados en otras ciudades, sobre todo Lima, y amigos y admiradores que viajaron para acompañarlo. Su presencia confirmó que esta música mantiene unidos a quienes, aun lejos, siguen sintiéndose de su tierra.

Esperanza Tafur Tello, Juan Casafranca Romero y el doctor Óscar Loayza Azurín evocaron su trayectoria y su obra, y señalaron además la necesidad de poner en valor monumentos naturales como las riberas del río Mariño, hoy olvidadas.

Luego habló el propio Pepe, el bardo y trovador. Con la sensibilidad de quien ha vivido acumulando melodías, evocó lugares entrañables y amigos que iban apareciendo en su memoria como personajes de una vieja canción. Con generosidad, atribuyó a ellos la verdadera autoría de sus composiciones: los lugares, los amigos y las vivencias escribieron las letras; él solo las tradujo en música. Mientras otros se disputan hasta la última coma, Pepe parece dispuesto a compartir derechos de autor con los paisajes y los recuerdos.

Siguieron el alcalde Raúl Peña, quien se sumó al reconocimiento, y el teniente alcalde, doctor José Miranda, que ofreció el brindis de honor. Después habló don Jorge Ascue, quien junto a su padre, don Tomás Ascue, fundó Los Rondines de Abancay: un músico reconociendo a otro.

En otro momento significativo, don Juan Ballón y doña Silvia Gamarra entregaron a Pepe una réplica de la Glorieta de la Plaza de Armas, tallada con destreza por las manos de Juan en piedra de sulfato de calcio (un material de transición entre el yeso y el mármol) . Era más que una pieza artesanal: un pedacito de Abancay para quien tantas veces llevó a su tierra por el mundo en sus canciones.

El hombre que aprendió a conversar con una guitarra

A los doce años, Pepe recibió su primera guitarra. Era zurdo y el instrumento venía pensado para diestros, pero no se dejó intimidar por una guitarra que le llevaba la contraria. Aprendió solo y fue afinando una sensibilidad que con los años daría frutos extraordinarios.

Sus primeros pasos estuvieron ligados a las peñas de la imprenta de don Lino Ísmodes, donde entre aficionados y guitarras encontró su camino. Integró después el trío Los Rubíes y luego Los Thinos. Incursionó en el folclore, la música tropical y otros géneros, sin apartarse nunca de su inspiración central: el amor por Abancay. Fue un trovador de su tierra, capaz de volver melodía las nostalgias, alegrías y paisajes de un pueblo.

«Si vienes a Mi Abancay»: una canción que conquistó la eternidad

De esa inspiración nació una de las composiciones más emblemáticas de nuestra identidad: «Si vienes a Mi Abancay». Pepe la compuso en marzo de 1969 con el nombre de «Así es mi tierra». En 1970 salió en un sencillo de 45 revoluciones, grabado por Los Thinos (Pepe Garay, Jorge Vargas y Óscar Pinto) para el sello Líder de IEMPSA.

Para lograrlo, los tres viajaron a Lima en el Volkswagen del doctor Rubén Quintana, con la experiencia de sus presentaciones en Abancay, Andahuaylas y Ayacucho. Sin las comodidades de las grandes producciones, tenían talento, entusiasmo y la convicción de que su música merecía ser escuchada. Los mil primeros ejemplares se agotaron en menos de tres meses.

La canción dejó atrás su nombre original y adoptó el que le dio el cariño popular. Primero fue novedad, luego moda y al fin clásico. Cincuenta y seis años después sigue viva, cantada por los abanquinos de aquí y por quienes la llevan consigo desde cualquier rincón del planeta. Basta oír sus primeras notas, en Lima, Madrid o Buenos Aires, para que el corazón reconozca el camino de regreso antes de que la razón lo ubique en el mapa. Algunas canciones no necesitan pasaporte: viajan con nosotros y nos devuelven lo que la distancia nos obligó a dejar. Pepe logró convertir la geografía en sentimiento.

Una guitarra para la eternidad

La escultura lo representa de cuerpo completo, con su inseparable guitarra. No podía ser de otro modo: había que inmortalizarlo como su pueblo lo recuerda. La guitarra no es adorno, sino prolongación de su figura; al contemplar la estatua, uno imagina que en cualquier momento acariciará las cuerdas y comenzará una de esas canciones que tanto emocionaron a los abanquinos. El monumento es el agradecimiento visible de una tierra a uno de sus hijos más ilustres, y de un afecto que existía mucho antes que el bronce.

Una hermosa deuda de gratitud

Los homenajes más significativos no siempre nacen en oficinas ni exigen grandes presupuestos: a veces surgen de una amistad y de la convicción de que hay que agradecer a las personas mientras aún podemos mirarlas a los ojos. El empeño de don Rolando Luna Valer y sus compañeros merece el reconocimiento de la ciudad, porque honrar a un artista es honrar la identidad de su pueblo.

Pepe, además, sigue creando. En 2025 se presentó el proyecto discográfico «Abancay Feliz Aniversario 150 y Tributo a Los Thinos», con composiciones como «Dos amores» y «Sueños cumplidos», esta última compartida con Jorge Luis Ramírez Alva. La trayectoria de un artista no se mide solo por sus años de mayor fama, sino por su capacidad de seguir emocionando.

El monumento que el tiempo no podrá derribar

El 2 de noviembre de 2026 quedará como fecha entrañable: una iniciativa nacida entre amigos se hizo homenaje público, y Pepe Garay recibió en vida una muestra de afecto que guardará entre sus recuerdos más preciados.

Gracias, Pepe, por tu trabajo, tu sensibilidad y esa canción que nos representa y nos acelera el corazón. Gracias por haber convertido a Abancay en música y permitir que quienes vivimos lejos regresemos cada vez que escuchamos tus melodías. Gracias también a «los jóvenes mayores de 60» a quienes participaron en la ceremonia y a los amigos que viajaron para acompañarte.

Tal vez algún día el bronce envejezca y el sol desgaste sus contornos, y las generaciones futuras miren la estatua sin haber conocido al hombre. Pero mientras alguien cante «Si vienes a Mi Abancay», mientras una guitarra vuelva a entonar sus melodías y un abanquino sienta que esa canción le devuelve su tierra, Pepe Garay seguirá presente.

Porque los artistas que le cantan sinceramente a su pueblo terminan formando parte de él.

Pepe Garay ya tenía una estatua mucho antes de que se levantara esta: la tenía en el corazón de su pueblo.

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